El supuesto que decide la mirada
Trabajo la teoría económica desde una tradición que se niega a tomar el equilibrio como punto de partida. El equilibrio no es un hecho: es un supuesto que decide de antemano lo que el modelo va a poder ver. Cuando se lo presenta como si fuera una propiedad espontánea del mundo, una decisión metodológica pasa por descubrimiento empírico.
Eso no vuelve inútil a todo modelo de equilibrio. Un modelo puede ordenar datos, aislar relaciones y formular contrastes precisos. El problema aparece cuando la herramienta olvida su condición de herramienta y convierte sus condiciones iniciales en la ontología de aquello que estudia.
Magnitudes y categorías
La economía política no se ordena solamente por magnitudes. Precio, salario, renta, ganancia y capital no son nombres intercambiables para cantidades de dinero: expresan relaciones diferentes. Medir con mayor precisión una relación mal determinada no corrige el error categorial; lo hace más exacto.
Por eso la crítica no consiste en oponer un modelo preferido a otro modelo. Consiste en reproducir en el pensamiento el movimiento real de la forma criticada: mostrar qué presupone, qué relaciones vuelve visibles y cuáles desaparecen cuando el resultado se presenta como si no tuviera historia.
La disciplina de medir
La econometría importa precisamente porque obliga a declarar variables, fuentes, transformaciones y márgenes de error. Bien usada, no clausura la discusión teórica: impide que la teoría se esconda detrás de una cifra. El dato no llega sin forma; alguien decidió cómo obtenerlo, qué unidad cuenta y qué queda fuera de la observación.
La tarea es doble: medir con disciplina y, al mismo tiempo, someter a crítica las categorías que hacen posible esa medición. Separar ambos momentos produce dos malos extremos: especulación sin contraste o exactitud sin objeto.